El oxígeno cae rápido. La reacción, no tanto.
En un fiordo, el oxígeno de la jaula puede caer por debajo de lo que el pez necesita en cuestión de horas: el calor sube lo que el pez consume mientras una baja de corriente o la retención del agua bajan lo disponible. Cuando la lectura toca el piso, las decisiones ya están tomadas —la ración, la densidad, la ventana de cosecha—. Anticipar esa caída, aunque sea por horas o pocos días, cambia por completo la jugada: se alimenta distinto, se oxigena a tiempo o se aliviana el centro antes del estrés.